Col·lecció Imprescindibles, 3 · Castellà · Trad.: Francesc J. Hernàndez · Pròleg de M. Horkheimer i T. W. Adorno
Paul W. Massing
«El último, todavía inédito en castellano, de la serie de Estudios sobre el Prejuicio, la gran obra colectiva de la Escuela de Fráncfort en el exilio de Estados Unidos.»
«Cualquiera que quiera comprender el antisemitismo totalitario no debería caer en la tentación de equiparar su explicación con una especie de necesidad natural. En retrospectiva, ciertamente parece como si tuviera que suceder así y no pudiera haber sido de otra manera. Entre las figuras famosas del pasado alemán, hasta Kant y Goethe, solo se pueden nombrar unas pocas que estaban completamente libres de sentimientos antisemitas. Pero al insistir en tal universalidad y repetir la fatalidad de lo sucedido en el concepto mismo, uno, en cierto sentido, se lo apropia. En todas partes del pasado alemán, las huellas de la catástrofe inminente van acompañadas de su opuesto, y la sabiduría de decretar ex post facto lo que era más fuerte desde el principio facilita demasiado las cosas al presuponer la realidad como el único resultado posible. En Francia, algunos de los dreyfusianos más valientes, como Zola y Anatole France, ocasionalmente incluyeron representaciones de judíos en sus novelas que se asemejaban a los mismos clichés contra cuyas consecuencias luchaban. La experiencia de la historia incluye también la conciencia de lo que no se realiza plenamente, de lo que es difuso y ambiguo.
Aquí, quizás, el libro de Massing hace una contribución crucial. Ayuda a desentrañar el nudo entre lo accidental y lo necesario, de manera racional. Si bien se centra en el potencial amorfo, omnipresente, pero nunca del todo cierto, de odio al judaísmo dentro de la población, sin deducir necesariamente una catástrofe de ello, su investigación llega al punto en que se aclara por qué prevaleció ese potencial. Demuestra con pruebas contundentes, basadas en hechos históricos, que en la Alemania de Bismarck, el antisemitismo fue manipulado políticamente y, según las exigencias del momento y los intereses del momento, se activó y desactivó. Esos levantamientos populares espontáneos del Tercer Reich, que estallaron de forma bien organizada ante una señal, tuvieron sus precursores en los movimientos de Stoecker y Ahlwardt, que fueron controlados de manera oportunista y que, con un refinado aire conservador, pudieron utilizarse para mantener la paz y el orden con la misma facilidad con la que pudieron desatarse contra la socialdemocracia. Sin negar la receptividad de las masas a tales estímulos, su grado de culpa se relativiza simultáneamente: quienes claman contra las víctimas se revelan como víctimas, como peones manipulados por el poder político. El antisemitismo se fundamenta en condiciones sociales objetivas, así como en la conciencia e inconsciencia de las masas. Pero se manifiesta como una herramienta política: como una herramienta para integrar intereses grupales divergentes; como la forma más rápida y segura de distraer la atención de una necesidad vital para la cual existen otros medios.» (Del prólogo de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno).